La historia de “Espiritu Libre”, una de las mejores bandas musicales salvadoreñas de los 80s

“Recordar es volver a vivir”, eso siente el público cuando trae a su mente los éxitos de Espíritu Libre, la famosa agrupación salvadoreña que interpretó canciones populares en toda Centroamérica. Hoy sólo se escucha más de algún tema que las radios programan, los mismos que hicieron bailar a miles, en las zonas más recónditas del país, antes de retirarse de la farándula salvadoreña.

Lo que nació en 1975 como una simple inversión financiera de su fundador Luis Felipe Aguiñada, en poco tiempo creció como la espuma. “Yo no soy músico ni cantante y llegué al renglón artístico buscando en qué invertir un dinero que había ahorrado”, confesó el hombre que dio origen a una agrupación que marcó historia.

El creador del proyecto relató que en su casa “siempre hubo un grupo de amigos de Jhosse –que en aquel tiempo era José– que estaba tocando guitarra y cantando, y con mi mamá, los apoyábamos”. Eso le dio la pauta, al mayor de los hermanos Aguiñada a crear el concepto, pero como la experiencia en el campo no lo acompañaba, hizo un estudio de mercado.

El 15 de octubre de ese año, Luis Felipe echó mano de los amigos y músicos novatos del ahora Jhosse Lora, incluyendo al artista mismo, y dió forma al grupo. Lo bautizó como “Espíritu Libre“. El nombre lo tomó de la obra “Juan Salvador Gaviota”, de Richard Bach. Con él, Aguiñada quiso demostrar que un individuo es capaz de tener “un espíritu positivo que lo haga perseverar y no cesar en la búsqueda del éxito a través de la superación personal, pero con disciplina… y lo más importante, deberá estar libre de ataduras”.

Rompió esquemas de la música de aquellas épocas. El trabajo no fue fácil, con el proyecto musical también nació una empresa que se caracterizó por ir a la vanguardia. Interpretar temas originales para “impulsar realmente música propia” fue el ingrediente principal para hacer las cosas diferentes. Los músicos de la época cantaban canciones de artistas famosos traducidas del inglés. Pero, ¿quién compuso las letras que tanto éxito le dieron a Espíritu Libre?, fue una aportación de los mismos integrantes que hicieron sus “pininos” en este campo.

 

“La idea era motivar al elenco para ver si había talento y sí hubo, es así como Jhosse, incursionó en la composición. De las aportaciones, escogíamos los temas que se iban a grabar sin saber cuál era el que a la gente le gustaría”

— Luis Felipe Aguiñada, Fundador de Espíritu libre

 

La agrupación se caracterizó por letras populares extraídas de la idiosincrasia salvadoreña. Así nacen “La fiesta de mi pueblo“, “Me gustan las pupusas“, “Escúchame“, “Play boy, “Títere de plástico“, “El telegrafista“, “Gaviota“, “Chupa caña“, “Arquitecto de tu amor” y otras.

Cuando el grupo tomó fuerza, le llegó la hora de grabar el primer 45 revoluciones por minuto (rpm), hacerlo significaba tener el aval de Discos Centroamericanos (Dicesa). Aguiñada creyó que las posibilidades de conseguirlo eran mínimas y “estaban condenados quizá a nunca destacarse”.

Rompió el esquema y tomó la decisión de ser el productor. “Me presenté a Dicesa como productor independiente para que me rentaran el estudio de grabación, algo que nunca habían hecho”, recordó. En el camino, Dicesa le propuso a Aguiñada que el grupo perteneciera a la disquera por la calidad con que habían realizado el trabajo. La propuesta fue rechazada por el productor porque no quería depender de la compañía y de los directores artísticos de ese entonces, uno de ellos Ángel Gutiérrez, ex integrante de Los Beats.

Sin embargo fue el mismo artista, quien le sirvió, de forma particular, como director artístico, y “al ingeniero de sonido de Dicesa, Armando Zepeda, le dije que me hiciera el favor de ser el soporte de asesoría musical. Así que me apoyé en personas que conocían…”, reconoció Aguiñada.

Espíritu Libre alcanzó el reconocimiento de la compañía disquera, que en 1978 le pidió grabar tres discos de 45 rpm con temas originales y algunos en inglés, bajo el sello RCA-Miami.

El productor puso a los integrantes a estudiar ese idioma para grabar los discos, pero el proyecto no se concretó por razones ajenas a ellos.

Los jóvenes siguieron adelante. Ensayaban todos los días, “el tiempo lo dedicábamos para preparar coreografía, repertorio nuevo para las presentaciones, pulir la grabación y eso se combinaba con la promoción , por eso el integrante de Espíritu Libre se caracterizó por estar concentrado y dedicado a la música, era complicado que alguien tuviera una segunda actividad”, reconoció Aguiñada.

Montar toda una coreografía, animación y hasta un poco de teatro, valía la pena, pero no lo suficiente si el público no era testigo de ello. Por eso, surgió la idea de instalar su propio escenario con tarimas y luces “porque el espectáculo lo disfrutaba la gente que se ponía en frente y la de atrás no lo veía”. Según Aguiñada, el grupo fue el primero en el país en contar con este tipo de recursos técnicos, que le sirvieron para proyectar mejor el trabajo, y que luego el público calificó como un espectáculo diferente.

Impacto musical

Los ritmos tropicales y románticos combinados con la energía de sus integrantes que vestían brillantes y coloridos trajes hicieron de Espíritu Libre un grupo reconocido, pero con el éxito también vino la guerra. La demanda de contratos se redujo porque el toque de queda (durante la guerra civil salvadoreña) no les permitió trabajar con libertad. Pero, en junio de 1980, Aguiñada logró un acuerdo por seis meses con la desparecida discoteca “El Camichín” del hotel Camino Real para que la agrupación se presentara en vivo e hiciera de esas noches inseguras de guerra, la “fiesta de mi pueblo”.

También fue la época en que Carmelina Bernal (esposa de Luis Felipe Aguiñada) entró a Espíritu Libre y el grupo se consolidó con José Aguiñada (Jhosse Lora), Berna Oliva, Flavio Peralta, Nelson Alfaro, Roberto Alfaro y Manuel Martínez. Este último, víctima mortal de un ataque violento que sufrieron cuando iban a una presentación.

El 8 de julio de 1985 al anochecer, el grupo viajaba en aquel microbús Toyota Hi-Ace rumbo un compromiso musical en San Juan Nonualco (Zacatecoluca). Derrapaban por la carretera del Litoral, contentos, libres. Pero al llegar a un lugar conocido como Penitente Arriba, poco antes del pueblo, sin el preludio de la muerte que les avisara, las balas masticaron el metal del vehículo, los vidrios y la piel. Manuel de Jesús Martínez, que tocaba las congas, murió al instante. La vocalista Sonia Henríquez resultó seriamente herida y Luis Felipe Aguiñada, el conductor, quedó lesionado en una pierna. Los dos últimos fueron trasladados al hospital. Aguiñada se recuperó, pero la cantante perdió el “derbi” contra la muerte y falleció 21 días después.

Se acusó al FMLN y se rumoró que los atacantes confundieron el microbús con uno parecido en el que vendrían militares. Espíritu Libre, como sea, pagó el error y pasó un mes sin tocar. Al mes volvieron al mismo lugar a cantar. “Llegó muchísima gente”, recuerda Jhosse, ex integrante. Y cantaron con el espíritu libre, aunque más triste que 30 días atrás.

El toque de queda tuvo su horario y Espíritu Libre lo respetó, ofrecieron sus presentaciones de 2:00 a 8:00 de la noche y sólo así los salvadoreños pudieron bailar en plena guerra.

En febrero de 1981, lanzaron el primer disco de larga duración (LP), titulado “Chupa caña”. 

Luego lograron proyección internacional y viajan a Guatemala y Honduras, luego los destinos se extendieron a Estados Unidos y Canadá. En 1982, lanzaron su segundo material discográfico “La Fiesta de mi pueblo”. Le siguieron “Pop Latino” en 1984 y “El artesano” en 1986.

Cuando trabajaron la producción “Arquitecto de tu amor” en 1987, el grupo se trasladó a Guatemala para grabar con Dideca. Su trayectoria artística siguió hasta completar 13 producciones y con ellas también los cambios de integrantes.

Album “Arquitecto de tu amor” (1987)

Un disco lleno de baladas que, al parecer, tenía fecha de caducidad como producción musical. Este LP solo existe en acetato y la única forma de rescatarlo es ir armando, como rompecabezas, tema por tema cuando salen en alguna recopilación de Espíritu Libre. Por el momento, Luis Felipe Aguiñada, ex-dueño de Espíritu Libre, no tiene intenciones de pasar el LP a CD (“Más adelante, tal vez”). Janet Pineda, ex-directora de Radio Fiesta, cree que lo especial de este material es que, “dentro de todo lo tropical que estaban haciendo los grupos, vino Espíritu Libre y le puso más sentimiento y salieron con este tipo de balada que fue bien recibida por la gente”.

Canciones claves: Es verdad, Oye Morena y Arquitecto de tu amor.

Curiosidades: El tema “Arquitecto de tu amor” fue número uno en varias estaciones de Guatemala, país donde pensaban que Wilfrido Vargas era el intérprete original del tema. Pero fue Vargas quien pidió permiso a Espíritu Libre para hacer el ‘cover’.

El retiro de José Aguiñada en 1986 los marcó. “Nos afectó, pero bien poco, pero soy yo quien le dice que se salga. Él quería formar su grupo y yo lo apoyé”, relató su hermano.

Para no sentir el vacío artístico que dejó Jhosse, Aguiñada decidió integrar a tres elementos más, un masculino y dos femeninos. Entre ellos estaba Cony, una canadiense que no hablaba español.

“La idea era causar un efecto visual en el público y con un baile raro, pero con la coreografía se lograba ver parejo”, dijo.

Luego, otras integrantes también formaron parte de la agrupación como: Ligia Morán, Cindy Alvarenga y Ninozka Bolaños, con este último elemento femenino se cerró el ciclo de 25 años de vida artística de Espíritu Libre.

A cuarenta años del primer vuelo de “La Gaviota”

El año 2017 marca el 40° aniversario del primer disco grabado por Espíritu Libre una de las agrupaciones musicales emblemáticas de El Salvador. Mucho antes de canciones como “La fiesta de mi pueblo”, “(A mí me gustan) las pupusas” y “El arquitecto de tu amor”, estos jóvenes egresados del Instituto Técnico Industrial —seducidos por la música de moda y las ondas del sintetizador Moog— se juntaron para dejar una huella en la historia musical de El Salvador.

Espíritu Libre, fue conocido como “el mejor grupo show” en El Salvador en las décadas de los años ochenta y noventa. La historia del grupo —marcada por un tímido inicio, pero mucho entusiasmo— incluye innumerables éxitos, tragedias y reinvenciones.

A Espíritu Libre le debemos un tercer himno nacional: “(A mí me gustan) las pupusas” (Disco Pop Latino Centroamericano, 1985) y canciones que todavía suenan una y otra vez, como “La fiesta de mi pueblo”, “Oye morena” y “Mujeres, mujeres” (1986). Fuera de la historia oficial hay detalles de sus inicios, cuando un grupo de jóvenes egresados del Instituto Técnico Industrial (ITI) comenzó a destacar en la escena musical con canciones propias, covers y arreglos emblemáticos de los años setenta, dejando huellas en vinil.

Imagen del ’45 de Espíritu Libre que cumple cuarenta años. Parte de la historia de la música popular salvadoreña. Una de las primeras grabaciones del grupo salvadoreño Espíritu Libre. Integrantes: Flavio Peralta (bajo), Berna Oliva (guitarra líder), Alberto Zamora (batería), Arturo Molina (piano/órgano), José Aguiñada (Jhosse Lora) y Manuel Martínez (congas). Foto promocional, misma que se usó en el disco, un sencillo de 1977 de 45 rpm. Lado A: La Gaviota. Lado B: Te necesito (arreglos).

Entre idas y venidas (por giras internacionales), José Arcadio Aguiñada —quien luego adoptaría el nombre artístico de Jhosse Lora, al independizarse en 1986— se tomó el tiempo para recordar esos años de juventud. “Como tres años después de que nos graduamos del Técnico Industrial, lo formamos (al grupo). Fue en 1972”, indicó.

El grupo nació originalmente con el nombre de Oro Negro, pero el nombre tuvo que cambiar, debido a que ya que existía otro grupo que se llamaba Petróleo.

Los hermanos Aguiñada consideran el año 1973 y a Oro Negro como su verdadero inicio. Según cuenta Luis Felipe Aguiñada, “la alineación oficial de Oro Negro fue la siguiente: Arturo Molina, quien desde el inicio y la mayor parte del tiempo fue el tecladista y hacía coros, pero luego ejecutó la guitarra y el bajo. Él siempre fue quien daba la opinión musical acertada y hacía la armonía de las voces (coros). También estaba José Arcadio Aguiñada, quien al inicio ejecutaba la guitarra, bajo y cantaba como voz líder. Edgardo Orantes ejecutaba la batería y hacía coros; Rolando Aguiñada, ejecutaba la guitarra; Rafael ‘Lito’ Aguiñada, las congas; Armando Rosales, ejecutaba los timbales y pandereta. Mi participación, en los teclados, fue por unos meses. Y lo que hice, realmente, no fue una ejecución con solvencia de músico sino en categoría de aprendiz que, con la ayuda de tu padre y su ingenio, es que pude tocar las teclas”, apuntó en una de varias conversaciones electrónicas.

Las reuniones y ensayos ocurrían en el centro de San Salvador. Esta especie de diversión y pasatiempo también logró cierto fastidio a los vecinos de la 7ª. Calle Oriente, cerca del Parque Centenario (hoy Alameda Juan Pablo II). A diario sonaban repetidas canciones de moda. Sus integrantes lo hacían sin pretensiones comerciales ni mucho menos profesionales. De esa manera pasó el tiempo, hasta la noche del 15 de octubre de 1975, cuando el proyecto de Oro Negro pasó a llamarse Espíritu Libre, un proyecto musical que se desarrollaría con base a metas y facetas.

Luis Felipe asegura que esa noche, después de interrumpir el ensayo de Oro Negro, planteó un proyecto a mediano plazo (cinco años) y que incluía la incursión en el mundo discográfico, la grabación de temas originales de sus integrantes, la inversión en equipos de sonido competitivos e instrumentos de marca, vestimentas artísticas, logo del nombre como grupo, mascota que identificaría al nombre del grupo, ensayos diarios y mucha disciplina.

La decisión de tomar el nombre Espíritu  Libre se inspiró en la novela literaria “Juan Salvador Gaviota”, escrita por Richard Bach. Lo mismo ocurrió con su mascota: una gaviota en pleno vuelo.

El plan de entrar al mundo discográfico estaba contemplado para 1977 y quería hacerlo al estilo de grupos y orquestas de moda: obviar la compañía disquera y producir su música de forma independiente, lo cual no era usual en esa época.

Así fue como grabaron el primer sencillo, antes mencionado, con covers de dos canciones ya famosas: una balada romántica compuesta por John McIve del grupo londinense LAW;  y “The warrior”, del grupo británico-afrocaribeño Osibisa (del álbum “Ojah awake”, de 1976). El estribillo de la canción, «Ossa Ossa O», fue convertido a “Goza con sabor” y remata el final con “La Gaviota”.

Ambas adaptaciones al español fueron creadas por José Arcadio. “La verdad, se me vino la inspiración en el momento, más que todo en la balada… Agarré el título primero y después comencé a pensar lo que podía sentir una persona que había perdido a su pareja. Y luego traté de rimar con base a la letra en inglés”, recuerda.

Para aquella grabación contaron con el inconfundible sonido del sintetizador Moog, sello de la música de los años 70. “En esa época, para hacer sonidos especiales y efectos había que  hacerlos con sintetizador. Moog es la marca. El modelo que teníamos traía tres osciladores y, combinándolos, se logra el sonido deseado, por ejemplo un sonido espacial. En los teclados modernos esos sonidos ya vienen incorporados y van desde sonidos de diferentes pianos, cuerdas, de viento, tambores, etcétera… Con solo apretar un botón. En aquella época se usaba un teclado para cada sonido. Ahora todos los sonidos vienen en un solo teclado”, recuerda Arturo Molina, quien explica que para ejecutar aquel sintetizador había que tener nociones de música y algo de electrónica, porque los sonidos se obtienen modificando las ondas y los ciclos. Él aprendió solfeo en el colegio salesiano Don Bosco; y la electrónica, a través de cursos en Hemphill Schools. El sintetizador Moog era de Espíritu Libre.

Para estas primeras dos canciones, Luis Felipe Aguiñada rentó el mejor estudio de grabación que había en Centroamérica, el de DICESA. Ordenó además prensar mil discos de vinil para ser distribuidos en tiendas de discos y promocionarlos en medios de comunicación.

La producción fue diseñada cuidadosamente. La dirección musical y de voces estuvo a cargo de Ángel Gutiérrez y la ingeniería de sonido corrió por cuenta de Armando Zepeda (fallecido). Ya que la canción original de Osibisa cuenta con un coro femenino, fueron incluidas las voces de las hermanas Gladys y Betty García.

“Las hermanas García eran peruanas y junto a su hermano, Antonio, se dedicaban únicamente a hacer voces en jinglescomerciales. No eran parte de ningún grupo musical. Inclusive llegaron a tener su propio estudio. Hace años que ya no viven en El Salvador. Recuerdo que en los años noventa se fueron a vivir a Costa Rica. No tengo fotos de ellos tres, de quienes volvimos a contar con su trabajo profesional, cuando apoyaron las voces de Espíritu Libre, en la canción ‘Loco de Remate’ (1991)”.

– Luis Felipe Aguiñada

Como anécdota, Aguiñada recuerda que estando en la parte final de la grabación de estas primeras dos canciones, el gerente general de DICESA mostró su interés por escuchar el material grabado y, para sorpresa de los jóvenes integrantes, ofreció producir el material. “Esa oferta no fue aceptada del todo… El asunto era que, para que Espíritu Libre, como grupo nuevo, pudiera tener posibilidades a que una disquera le grabara un disco (completo), podrían haber pasado muchos años de espera… O a lo mejor nunca le hubieran dado la oportunidad”, recuerda.

En los años siguientes, Espíritu Libre tocaba en centros comerciales como Metrocentro (“El nuevo centro”), amenizaban fiestas patronales y hasta el Carnaval de San Miguel. Fueron nombrados “Hijos Meritísimos de San Vicente”, ya que los hermanos Aguiñada—quienes también conformarían y dirigirían en el futuro otros grupos, como Bongo y Las Nenas del Grupo Caña— son originarios del municipio de San Sebastián.

El repertorio de canciones variaba en sus géneros: música rock, baladas, tropical y pop de aquella época. Algunas de las canciones más solicitadas eran “Oye cómo va” y “Guajira”, ambas de Carlos Santana; “Children” y “Woman”, ambas de Barrabás; “Feeling”, de Morris Albert; “Guantanamera”, de Celia Cruz; y “Julia”, de la banda Hielo Ardiente, entre otras, recuerda Luis Felipe.

“Parte de la historia del grupo fue viajar al interior del país, pues éramos contratados para fiestas patronales, graduaciones y a menudo nos encontrábamos con los Hermanos Flores. Estuvimos en restaurantes y hoteles de primera en la capital. Fui tocando con el grupo al carnaval de San Miguel y así, más o menos, fue esa faceta del grupo, hasta mi retiro. Realizamos una grabación en Discos Pícaro, de Willie Maldonado, para una presentación que hicimos en el Canal 8 de televisión, en la que interpretamos la canción Baila mi hermana“, dijo Arturo Molina, quien también formó parte de la Orquesta Don Bosco, tocó la marimba en el grupo folclórico de Morena Celarié, tocó en el grupo Los Genios y fungió como instructor de ejecución instrumental de la orquesta del colegio La Divina Providencia.

En 1995, un pequeño documental producido por “Variedades del seis”, el programa del fallecido conductor Davis Rosales, rindió homenaje a la agrupación en su vigésimo aniversario de fundación. El documental hace un recorrido por la trayectoria de Espíritu Libre, la tragedia de 1985 que los marcó y sus continuas reinvenciones. En aquel año, el grupo sufrió un atentado. Dos de sus integrantes, Sonia Henríquez y Manuel de Jesús Martínez, fallecieron luego de que el microbús en el que se transportaba el grupo fue ametrallado.

Luis Felipe Aguiñada mantuvo en actividad a Espíritu Libre hasta el año 2000. Luego, después de unos años, hasta 2012,  decidió rentar la marca a los veteranos del grupo —Flavio Peralta, Berna Oliva, Nelson Alfaro y Wilfredo España—, quienes realizaron giras por su cuenta en Estados Unidos. “Hasta que llegué a un arreglo con Flavio y le vendí la marca a él. Por ahora han seguido haciendo giras en EUA, pero no han hecho nuevas grabaciones”, apuntó.

Murío atropellado Luis Felipe Aguiñada, fundador de Espíritu Libre y Grupo Bongo en 2017

El fundador de Espíritu Libre y el Grupo Bongo, Luis Felipe Aguiñada, murió atropellado la noche del lunes 4 de diciembre de 2017

De acuerdo con las autoridades, el hecho ocurrió en la calle San Antonio Abad, en San Salvador, cuando Aguiñada intentaba cruzar la calle para llegar a su hogar en la colonia El Roble, en cercanías de la Universidad de El Salvador (UES). “El conductor inmediatamente se dio a la fuga”, aseguró un agente de la Policía Nacional Civil (PNC). Jhosse Lora, hermano de la víctima confirmó la noticia a través de redes sociales: “Que noticia más triste, el Fundador de Espíritu Libre mi hermano Luis Felipe Aguiñada Rosa falleció este día voy de camino mi querido hermano a despedirte. Siempre fuiste Grande”, escribió Lora en su cuenta oficial de Facebook.

 

Trayectoria 

Aguiñada trabajó por 25 años junto a Espíritu Libre y algunos años simultáneos con Bongo hasta completar 20.

El proyecto Espíritu Libre nació en 1975 como una simple inversión financiera de su fundador, en poco tiempo creció como la espuma. “Yo no soy músico ni cantante y llegué al renglón artístico buscando en qué invertir un dinero que había ahorrado”, confesó en 2009 el hombre que dio origen a una agrupación que marcó historia.

El creador del proyecto relató, en aquella ocasión, que en su casa “siempre hubo un grupo de amigos de Jhosse,  que estaba tocando guitarra y cantando, y con mi mamá, los apoyábamos”. Eso le dio la pauta, al mayor de los hermanos Aguiñada a crear el concepto, pero como la experiencia en el campo no lo acompañaba, hizo un estudio de mercado.

El 15 de octubre de ese año, Luis Felipe echó mano de los amigos y músicos novatos del ahora Jhosse, incluyendo al artista mismo, y dio forma al grupo. Lo bautizó como “Espíritu Libre”, el nombre lo tomó de la obra “Juan Salvador Gaviota”, de Richard Bach. Con él, Aguiñada quiso demostrar que un individuo es capaz de tener “un espíritu positivo que lo haga perseverar y no cesar en la búsqueda del éxito a través de la superación personal, pero con disciplina… y lo más importante, deberá estar libre de ataduras”.

 

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